DÍA 01:
“El modo avión en un celular debe ser algo con casi tan con poca gracia y sin sentido como un computador sin internet, una guitarra sin cuerdas, que uno ame y el otro no en una relación sentimental, querer ganar un partido pero sin poner delanteros para marcar el gol, y así en un sinfín de ejemplos sobre el no estar para la ciber socialización mal entendida de estos tiempos; pero sabes que… me demostré que soy más valiente de lo que pensaba con activar este método sin importar nada y darme una libertad que el propio dolor me obsequió como regalo; mira qué curioso todo.
Ya me aprontaba para dormir el día anterior y activé el modo avión para este curioso viaje del cual estoy viviendo, y mezclado con el sueño constante de una semana laboral particularmente demandante en estas festividades, dormí hasta hoy. Mi contexto de esta historia es que vivo solo en un departamento y casi toda mi familia se encuentra reunida en su ciudad para la navidad; del cual creo que ahora se entiende mejor cuando digo que el propio dolor me está dando este particular regalo al estar expuesto en este ambiente navideño con gente entusiasta alrededor, familias, mucha comida y alcohol en sus carros del supermercado, entre otras cosas más de fondo que ello implica, pero eso, necesito trabajar lamentablemente… Cuando me levanté ya había algo particularmente sorprendente con esto de no tener notificaciones de ninguna índole en mi celular iniciando el día y me puse a pensar en las alternativas; por un lado tenía la opción de sentirme incómodamente raro con eso y dejarme perder en la puja con la ansiedad a medida que corrían las horas, pero por otro lado tener la experiencia de un vértigo libre por tener un día sin nada que saber pero extremadamente solo e introspectivo… a la rápida, ningún camino me atraía mucho la verdad. Al llegar a mi trabajo sabía que los viernes son los lunes para mí por el hecho de la alta demanda que implica un fin de semana largo, donde la gente no le gusta cocinar y gastar dinero en esta necesidad básica que es comer (trabajo en una cadena de comida no tan rápida); pero era el último día así que le di con todo sin pensar tanto, solo terminar mis labores y ser libre al fin.
Al llegar a casa en la tarde, ya el modo avión lo encontré poco útil y sentía que al personificar mi celular tenía esa conciencia y empatía de que el pobre también necesita una pausa; así que lo apagué y lo guardé en mi velador. En mi profundidad de pensamiento me encontraba con diferencias bien sustentadas debido a que al hacer esto a más de alguno(a) le resultaba ser poco consciente por no avisar de mi propia desaparición, u cuasi presunta desgracia de redes sociales, generando una preocupación de sobre manera (depende de que persona también) por no dar señal alguna como también el nivel elevado de egoísmo por buscarle una forma de mitigar estos días emocionalmente difíciles para mí; pero lo concreto es que este manifiesto no es más que un reflejo sobre mi necesidad de no estar a la deriva ni en el abismo en esta desventura histórica de mi vida al no querer ver, ni leer ni mirar; y además también, sobre no contaminar en esto de mi vibra personal al entusiasmo de mis cercanos sobre esta festividad donde tienen todo el legítimo derecho de expresarlo en todo lugar, pero que sin embargo carecía totalmente de la sintonía y del ánimo que implicaba eso. No había otra alternativa más que sacrificarme con la presencia, así como también con la existencia.
Me
puse a ordenar y a barrer, escuchaba música mientras hacía eso y cada vez
ganaba fuerza que lo que hice con mi celular era lo correcto y por una razón
bien simple y comprobable… antes no había celular, ni internet ni nada de esas
cosas que te llevaban a la inmediatez por saber de algo o de alguien. Al
reflexionar sobre lo último me daba cuenta subjetivamente que las relaciones antes
tenían más romanticismo, más disposición, un alto nivel de mística, más
detalles y más preocupación con esto de algo tan clave como “estar”, y que más
allá de que no estaba prendido mi celular para ver si era cierto este postulado
en la demostración, es que también veré de quien lo hizo cuando acabe este
viaje… sería muy triste si no hubiese manifiesto alguno en estos días de la
gente que estimo, lo encuentro incomprobable en principio pero sea cual sea el
resultado de quienes o no, eso mismo determinará realmente con quienes sí y con
quienes no sobre añejar mis sinceros afectos y trasformar los que tienen ese
ribete de especial y mágico para mi… cliché o no, hay que confiar en las
personas de una u otra forma.
Terminé mi día al ir a la boca del lobo como es el supermercado y las tiendas comerciales que están a 10 minutos caminando desde mi departamento porque tenía que comprar pan; pero también para probar como estaba mi valía emocional con ello y debo decir que aparte de encontrar pan antes del cierre de todo, también me di cuenta que respondo de una manera más jubilosa el verdadero sentido y espíritu de esta festividad desde mi perspectiva. En mi casa por ejemplo no hay adornos, ni lucecitas, ni árbol de navidad, tampoco hay regalos ni auto regalos tristemente; solo hay austeridad y mis pocas cosas de valor claramente, pero: ¿crees honestamente que Jesús estaría contento si viera toda la casa de puta que la gente transforma en todos los alrededores por toda esta compulsión a diferencia de solo conmemorar su nacimiento? …pues para nada (no tengo pruebas, tampoco dudas); pero volviendo a mi resultado si bien no hay casi nada de todo lo que se ve, creo que tengo lo que nadie muestra sobre la disposición a la reflexión del verdadero espíritu y eso… si, justamente… te lo da solo el dolor; y particularmente, mis circunstancias abrazan ello más que estar eufórico por lo que hay después del papel de regalo.
Al salir y regresar a mi casa vi el atardecer como un verdadero regalo, pero además como una forma de esperanza de que las cosas en mi vida puedan dar ese golpe tan necesario plasmado en éxito de una vez en todos los aspectos; y quizás para eso también hay un costo y un sacrificio como es este jubilo autoimpuesto y poco comprendido por el resto, del cual hidalgamente estoy pagando en estos últimos años.
La
navidad desde toda su historia tiene un componente milagroso en las personas… y
no sabes cuánto deseo que me llegue tal milagro, aunque esté apagado y en modo
avión.”
DÍA
02:
“Hoy amanecí con frío producto de que había cambiado las sábanas, y además el cobertor por una mucho más delgada por el comienzo del verano, del cual me declaro un acérrimo enemigo de tal estación porque siempre otoñista; ni siquiera invernista como varios extremistas dicen, pero más allá de este lapso muy fuera de contexto volvamos al tronco de este árbol. Mi sensación después de más de un día sin celular, ni nada, es de total incertidumbre y de sorpresa no procesada del todo todavía en mí, y es sorprendente como resulta muy increíble, y triste a la vez, como nos hemos puesto en unos energúmenos nomofóbicos sobre la dependencia de este aparato; y aunque no me lleva al orgullo probarme de manera radical en este asunto sin él, lo cierto es que es también triste enfrentar el día sin alguien que te hable, que te acompañe, que te diga lo útil que es tu compañía disfrazado de pequeñas diferencias y bromas, pero con alguien al fin y al cabo.
Luego de esta reflexión, me dediqué a empezar el día con ir al cajero a sacar algo de dinero para poder ir al mecánico y refaccionar un problema del frenado de mi auto, del cual no hice al final (muy sinvergüenza al cobrarme), después ir a la feria a comprar algunas cosas que ni cagando compraré en el supermercado; pero claro… como soy tan pelotudo a veces; después de echar bencina no es muy difícil adivinar donde fui después de eso, aunque en mi defensa, cumplí si con no comprar esas cosas que si pude antes en la feria. Pero más allá de mis quehaceres, mi análisis definitivamente fue en observar el comportamiento de la gente con esto de la travesía mortal de las compras navideñas a última hora y con un nivel de sensación de que no hubiese un mañana en las calles, en los estacionamientos, en las tiendas, en las filas de los cajeros, etcétera; todo me parecía normal y exacerbado; pero con la gran diferencia que me distinguía frente al resto… si, ese aparato justamente que renuncié y que el resto lo tenía como aderezo a su propio estrés en altavoz sobre que faltaba comprar, o derechamente discutir en los planes de esta supuesta “feliz navidad” al recorrer esos lugares.
Al volver a casa, me puse a limpiar mi auto con el objetivo de ganar tiempo para mí y mis cosas para la tarde, pero por más que hacía cosas útiles, había un pensamiento que me perturbaba a ratos sobre que, por más que haga cosas para mantener la mente ocupada, iba a volver a mi soledad de los rincones de mi departamento. Sinceramente fue una batalla del cual no iba a poner resistencia y dejaba que siguiera con ello ya cuando me puse a preparar mi almuerzo entre las otras cosas domésticas.
Luego de descansar un rato, me di el gusto de pescar mi guitarra acústica con cuerdas de metal para tocar algunas melodías que se me venían en la mente; mientras la miraba, me acordaba cuando hice mi pseudo álbum “A-Rústico” del 2017 y de toda esa alegría que me llevo a planificar los días de grabación en un cuaderno, las maquetas previas con mi interfaz de sonido, como así las canciones y los covers reversionados. Ahí también me acordé de que en ese tiempo estaba con mi pareja de ese entonces, apoyándome y ayudándome también con esa locura de hacer un registro acústico y notarla como estaba de sorprendida al darse cuenta que su pareja tenía cierto talento y así poder llevar a cabo mi incipiente deseo de convertirme en músico… con todo eso, solté un poco los dedos y canté lo que venía sin importar vecinos ni desafinaciones. Ahí volví a ser el ESMEDU de los 17 años.
Cuando
dejé de tocar, inmediatamente el silencio del presente calaba en mi emocionalidad,
pero me mantenía tranquilo pese a la pena y los pensamientos ya tenían
resiliencia por si llegaba a desbordarme, pero felizmente no fue necesario
llegar a ese escenario. Me dediqué derechamente en crear la línea de mezcla de
una canción que tenía pendiente y resultó ser muy provechoso, más allá de lo
tedioso que es editar una línea de un instrumento, porque es algo que me gusta,
porque no es algo en que no estoy perdiendo el tiempo como mero hobbie, y sé
que tendrá un resultado muy lindo a futuro en la adhesión futurista de
otros(as) como en el mismo ímpetu de engrosar un registro más en mi lista de
creaciones; además de que se escucha muy prometedor sin duda.
Honestamente, creo al final del día que éstas cosas y determinaciones tienen un norte bien noble sobre la consecución de mis propias verdades que quiero descubrir y materializarlas ya pronto de este viaje, porque si me pongo a hilar fino, veo que, durante estas horas, más que lamentarme o arrepentirme de este desprendimiento, siento que puedo defenderlo con mi decisión de no existir en estos días con esa grata y autónoma sensación absoluta de libertad en mi andar, en la expectativa de decir y hacer algo diferente en estas fechas y poner en evidencia que más que una cosa familiar, más bien te condiciona, te hace prisionero(a) moralmente si no llegas a celebrarlo, pero por sobre todo, te aliena sin tener la posibilidad de hacer un golpe efectista de justamente hacer algo que se acerque a ese espíritu y no volverlo en una vanidad con eso de los regalos, los asados, la “comidación” como los bebestíbles a destajo por el solo hecho de ser justificado al hacerlo en familia.
Soy
un convencido que la navidad es una instancia donde fuera de toda forma
estética y material, es un espíritu que te lleva a que calidad de persona te
convertiste por tus influencias y perspectivas, y que tan valioso humanamente
puedes llegar a ser en esa construcción personal, pero que difícilmente al
celebrarlo, no creo que te lleva a ese resultado, pero tranquilidad. Yo me
estoy sacrificando para cuando, espero, lo vuelva a celebrar, también te pueda
mostrar esto que hoy mi soledad, me deja ver.”
DÍA
03:
“Estaba dudoso sobre poner este subtítulo ya que hoy es noche buena, pero al final me incliné con tributarle al día debido a que estoy narrando también mi tarde y mi mañana. Hoy desperté más tarde que de costumbre, con una sensación de desgano, y quizás predisponiéndome a un día emocionalmente complicado y duro por mi entorno y mi situación; no es fácil saber que estoy solo y quizás algún(a) muchacho(a) diría que lo estoy porque así lo quise; pero más allá de que pueda tener razón en ello, no debo olvidar en que estoy en un viaje, que responde a un sacrificio más allá de toda emotividad y sentido que me moviliza en descifrar mi pensar y actuar, para mi presente y mis acciones… eso no quita que me entristezca hoy más que cualquiera de los otros días de escritura y reflexión, es tan duro todo esto, es tan desventurado, pero ya está… no es opción retroceder.
Apenas pude levantarme, mucho más tarde de lo que desperté para preparar mi desayuno y la verdad es que ya me encontraba inapetente como para pensar en que me iba a hacer de comer; así que a duras penas pesqué lo que había en la cocina e hice gala de pésimo cocinero para dejar tranquilo a mi estómago; pero sin duda toda mi energía estaba orientada en la noche, en ese momento donde voy a escuchar sin querer, a ese ambiente familiar y hasta los olores de un buen banquete; y ni hablar de después de la medianoche cuando más de algún(a) pendejo(a) vocifere a viva voz si le regalaron el obsequio que tanto esperaba, o solo se tendrá que conformar con la ropa nueva que le va a llegar. Tengo muy claro que Santa tiene un presupuesto distinto según el nivel socioeconómico de cada familia, llegando a sospechar que en realidad es un colega de profesión con eso de meterse a las casas y calificar a todos(as) en una visita domiciliaria.
Este año la noche buena cayó en un día domingo, y al menos en la cultura de mi país los domingos son catalogados como el día más aburrido de la semana, por lo que nosotros lo bautizamos como “fomingo”, desde la etimología de la palabra “fome”, que es lo del principio que expliqué en este párrafo. Pero más allá de esa curiosidad, mi cuerpo y mente me decía que era un día de absoluta procrastinación en el cual agradecía totalmente por todo el contexto viviente; eso sin duda, por una parte, porque en el otro lado estaba entrampado de emociones sensibles, lo suficientemente penosas como para gastar todo el papel higiénico en secar lágrimas y en sonarme a tono zigzag a medida de la crecida de la noche. Aun así, estaba confiado y esperanzado de que doliera lo menos posible, por lo que acepté esta invitación emocional de perder el tiempo y posponer lo importante con eso de escuchar música, tocar la guitarra, descansar en mi cama y hacer gala de ello como bucle… inútil y todo lo que quieras, pero funcionaba bien esta táctica.
Ya en la tarde, me sentía un tanto enajenado como aletargado con eso del calor, de ver que no hacía casi nada productivo, con la sensación que solo gasto aire, y otras cosas que derechamente no me contribuían con el hecho de estar y sentirme bien; pero ya más centrado, como hice casi todo ayer, era lógico que hoy no había nada pendiente y me acuerdo que era justamente lo que me propuse el día anterior; ganar tiempo para mí y este era el resultado sorprendentemente. Me puse a tocar la guitarra y sacaba algunas canciones que hace tiempo quería; y en ese intertanto me imaginaba si podría resultar como publicaciones futuras en redes sociales cierta adherencia y éxito… es algo que, con práctica y ganas, podría resultar sin duda; pero justamente hoy no tengo esas cosas y más bien esto de cantar solo responde a mitigar todo lo que se venía. Denme tiempo porfa.
En estas últimas sensaciones descritas aquí, solo quiero que se entienda que no soy un cómplice de mi auto flagelo social-familiar al llevar a cabo esto, sino más bien que esto es una manera que opté voluntariamente para entender mis profundidades más recónditas de mi alma y de mis pánicos que durante mucho tiempo, y más allá de un proceso terapéutico que llevo durante años, no culminaban en respuestas mágicas que quería saciar en el conocimiento y en el entendimiento personal. Quiero también expresar que, dentro de lo más sincero de mi corazón, hoy soy un desesperanzado, que paradójicamente, no pierde la esperanza de que la navidad vuelva a mi nuevamente, para llenar a ese niño entristecido y abandonado de caricias y apego de su familia que antes fui ser, a través de ese milagro que sostengo todavía que puede llegar, porque lo creo fervientemente, y soy un convencido que esta lucha tendrá su recompensa como un final justo y feliz.
Este año nuevamente no hay familia, ni regalos, ni ambiente ni otra cosa similar a un día de navidad… solamente queda esta mente que quiere comprender todo lo que le pasa de una manera valiente y arriesgada, pero que no pierde por nada, la fe de volver a soñar con algo muy distinto en estos ojos llorosos, y la sensibilidad a flor de piel.”
NAVIDAD
(ÚLTIMO DÍA):
“Ya les conté que trabajo en una empresa de restaurant, por lo que implicó despertarme temprano para alistarme y salir para entrar a mi turno de todos los días. Aclaro que, al trabajar en una empresa de esta naturaleza, el único día irrenunciable que tenemos es el día nacional, o comúnmente dicho: “el 18”, correspondiente al mes de septiembre, y que independiente de ser feriado hoy y ganar más plata en la remuneración, particularmente hoy no tenía ganas de ir; mi mente y cuerpo se encontraba absolutamente sin sintonía, y más aún, por lo que sentí anoche expresado en los párrafos anteriores.
Fue un trabajo relativamente sin sobresaltos, no hubo tanta demanda y cumplí con mis obligaciones, cuando de repente mi jefa me llama antes de irme y me dice: “quiero informarle que ha sido galardonado como el empleado del mes”, lo cual me generó una grata sorpresa, debido a que no me esperaba tal reconocimiento, pero también estaba frágil emocionalmente y lo agradecí con un tonto de total sobrevivencia, a medida que recibía un pequeño souvenir y la foto correspondiente para la posteridad. Con eso en el cuerpo me regrese a casa recorriendo de vuelta esas 5 calles, y pensaba en el premio y en mis compañeros(as) que siempre me trataron con mucha estima, quizás una consecuencia del ser humano que he llegado ser y simbolizando así un envión muy necesario para así por fin tener, después de un viaje muy sacrificado y durísimo, los tesoros o respuestas sobre esta travesía que describo, a continuación:
La navidad es un constructo racional y emocional, totalmente subjetivo, que es refutable en cualquier tiempo según tus roces sociales, tus circunstancias de vida y tu situación cotidiana que uno(a) elije tener más que por mera circunstancia.
La navidad tiene efectos vinculantes que no necesariamente proviene desde el seno familiar, sino desde los vínculos que más inviertes en tu tiempo cotidiano; es decir, que uno(a) pueda tradicionalmente seguir los patrones de convivencia con sus seres más cercanos en esta celebración, pero no es descartable que al compartir también con personas fuera de ese núcleo, se cumpla la armonía y el espíritu espontaneo y veraz de dicha festividad.
La navidad es un balance de introspección personal sobre la calidad de ser humano que forjas desde el momento en que piensas, decides y manifiestas ser y estar, solamente en forma de reflexión y jubilo de la festividad; pero difícilmente, en un ánimo de celebración común y corriente.
La navidad es un momento perfecto para que, una vez aplicado toda esta auto enseñanza que brinda, puedas expresar tus sinceras disculpas, arrepentimientos, autocritica y sinceros perdones; con el fin de enmendar tus desaciertos y reconocer la valía mágica del resto para nutrirse justamente con el otro.
La navidad tiene un lado anarquista muy tácito con eso de romper los estereotipos de la familia perfecta y llevarlos a tu propia sensación de festividad, es decir, que no necesariamente se necesita los adornos, luces, o regalos estrafalarios para estar en sincronía con el espíritu; basta simplemente con respetar lo básico y genuino de la festividad con ser sinceros y nobles de sentimientos de humanidad.
La
navidad es simplemente una invitación de iniciativa propia que solo tú puedes
llevar para transformar y dar a que sea una buena, honesta y sincera y linda festividad,
por encima de los contextos y circunstancias más adversos.
Tengo muy claro que estos postulados no son leyes en absoluto, y que están en la mira de ser debatidos y rebatidos en cualquier momento y tiempo, pero aun así siento que es necesario, al menos, para dar una pauta de ello porque seamos honestos(as)… cada tiempo se ha tornado más falso y plástico de cualquier cosa que antes se sentía más verdadero y real, en cualquier ámbito u circunstancia de la vida.
Hoy vivimos en un mundo donde nuestra razón pareciese ser una especie de carnicería social para imponer al otro en sus propios postulados, cuando en realidad debería ser complementado y nutrido en una mejor idea, una mejor verdad, una mejor enseñanza y respeto hacia nosotros(as) mismos(as); lo vemos en redes sociales y en debates cotidianos como nos sacamos los ojos con ello, y creo que eso más resta que suma en el total. Yo por lo menos cuento parte de mi vida, de un contexto en específico, para que se entienda que no todos tenemos la misma fortuna ni el mismo sentir sobre algo; y ese tópico en particular, es un buen nicho sin duda para darme cuenta que siempre hay alguien que esta peor que uno(a) y actuar con no ser indiferente para ayudarlo(a) y orientarlo(a) a que pueda tener un mejor raciocinio y tranquilidad mental y espiritual; y simplemente por el hecho de ser humanos, tenemos todo el derecho del mundo a vivir así y que vivamos también de esa forma, sorteando los fantasmas y las desventuras que para nada estamos exentos.
Al fin llegue a casa, a reencontrarme y ser parte de ustedes y con ustedes, a demostrar todo lo aprendido y mejorar nuestro propio color de aquí en adelante. Lo merecemos más que nunca y con toda la verdad y el amor posible… estoy desactivando el modo avión.
Un
gran abrazo y feliz navidad.”



