Prologo - La Belleza (Segundo Libro)

“ Me ha tocado estimar mucha gente, también querer, admirar a veces y amar sencillamente un karma (independiente de los motivos que sean). He sido un exiliado de los abrazos, de los besos, mucho más de una simple mirada con atracción virgen como también de las ternuras y caricias. ¿Por qué?, en realidad… no lo sé, siempre he procurado durante mi vida mantener y expresar esos buenos y nobles sentimientos, pero creo que este mundo solamente y cada día me demuestra cómo es de vanidoso, con una importancia de la imagen a destajo (aunque nos duela aceptar) y que manifiesta, por consiguiente, en mi jugar en contra de este amor terrenal por no ser cercano a los atributos de Brat Pit, DiCaprio, Beckham, Timberlake, Deep entre otro cristiano físico y exuberante… ah, también CR9.

Lo cierto es que por amor (supuestamente) fui creado, y esta pariente lejana llamada “Vanidad de los tiempos recientes” han construido en mi (y en muchos, me consta) esa persona que ya no cree en eso con los años, que no se ilusiona, que perdió toda esa sensación cursi y que incluso le tiene cantando el tema de J. Geils Band (Love Stinks), y por supuesto, estas líneas escritas de una forma triste.

Amar es un placer, diría un cantante por ahí… otros, el estado alterado de la conciencia humana; pero sea como sea, el amor ha sido y será un motor inspirador y motivador en almas rengas; o una bebida energizánte para el intelecto y el espíritu que se ha añejado y transformado en el tiempo en su valor mismo y de constancia en las personas, cada cual con su propia teoría, pero amor al fin y al cabo.

Este amor se nos ofrece como el Géminis en sus 2 vertientes, uno con su lado más rosa y el otro como el fome y cruel de las relaciones humanas. Digo relaciones humanas porque esa cosa llamada racionalización, que no tienen los animales corrientes, es cátedra de decirnos a menudo en la vida que tan plenos nos encontramos o que tan zopencos somos, y creo que muchas de las ideas mias y viendo socialmente como se llenan mas y mas los tribunales de familia, la violencia y la discriminación en ascenso entre sectores y colores, femicidios e infidelidades así también como las inseguridades sentimentales, son toques en el Gourmet de nuestra vida amorosa y social que degustamos el plato de los tontos que de los pulentos actualmente, y todo por la racionalización de los ideales utópicos amorosos y afectivos que cada uno idealizamos y buscamos al exterior en una persona “equis”. Esa búsqueda medieval del príncipe azul o la doncella en estos modernos y liberales tiempos que empecinadamente tratamos de encontrar, supliendo totalmente al instinto nuestro de querer y la capacidad de construir la perfección afectiva en nuestros lazos llenos de imperfecciones como son los de los seres humanos (los animales nos deberían enseñar a amar a nosotros pienso yo).

El amor es un valor que difícilmente sea destruido por las idealizaciones de las personas dado a que mutan con el tiempo de acuerdo al ciclo vital donde estamos pasando. Por ejemplo cuando niño me encantaba tener esa típica niña dorada que todos veían y querían tener sutilmente adornada con esa belleza de ángel en el rostro… claro, eso era de niño pero después fue mutando de rubia al pelo negro, liso, de tez media clarita y un tanto rica (voluptuosa) para mi adolescencia y así transformándose con el tiempo. Lo cierto es que ni lo uno ni lo otro puede compensar si no falta lo esencial en las personas que son las luces de belleza (que explicare en extenso en este pseudo-libro), porque del momento de descifrar que somos, tanto en ser como en ofrecer, marca de alguna forma que tan bellos somos en el exterior de nuestras esferas sociales como en nuestro propio e íntimo interior.

Pero volviendo al tema, muchos de los fracasos (como los que he vivido) resultan como origen en racionalizar al amor en el sentido de la imagen y proyección de cómo soy (o eres) hacia el resto, y ese acto de mostrarse lo que no somos ha sido con los años el acto indigno de una verdadera cacería humana e insensible con esto de visitas al quirófano, el botox y la silicona para enchular nuestro cuerpo y estar aptos para alta competencia (farandulezca incluso) de la vanidad, perdiendo la naturalidad de nuestra esencia física (en principio) como de nuestra personalidad a posteriori; producto consiguiente de ser actor directo de la belleza desarrollada, globalizada, neoliberalista que invade en la mezcolanza cultural de ser bello(a) hoy en nuestra sociedad.

Pero no siempre es así este fracaso, también se hace presente cuando buscamos prótesis no dignas de nuestro ser en la personalidad y nos transformamos en un “otro yo” o un “falso alter” dado al roce social-superfluo incentivado para ser más bello(a) o atractivo(a). Eso es aun mas toxico y menos genuino porque ya no pasa por un cuento de belleza palpable con efecto inmediato, más bien por el “grupo” (chamullo) que ofrece este ser humano como tal, con anzuelo de onda sentimental falso para ser aun mas florerito que de costumbre llevando a la bestialidad evidente e hipócrita que podemos llegar a ser. Aquí perdemos el rumbo y la identidad bárbara de la atracción con tal de no ser como somos realmente y de derribar al estereotipo de esas personas en autoproclamarse como la imagen “bacán” a seguir, sin importar lo que digan y lo que piensan. Eso justamente pasa también en la competencia de ser hermosos dejándonos aun más solos y mas deforme para lograr la compañía; y por leer hasta ahora, nos podemos dar cuenta que hay mil formas de ser ingenuos con tal de alienarnos de ser bellos y tener un grado de atracción cuando en realidad nos estamos viendo más horribles que de costumbre.

En mi anterior libro (Juventud al Infinito) dije que este estado pasaba por 3 tipos de los cuales en el ciclo vital se buscaban en las fases del desarrollo para conjeturar el equilibrio de juventud total para nuestra vida. Digo esto porque aquí también hay tipos o luces de belleza pero que a diferencia de la juventud estas no se buscan con el paso del tiempo entre sí, logrando para uno un desafío aun mucho mayor dentro de nuestros ciclos vitales, dejando en evidencia que este valor perfectamente puede ser esquivo pero amoldado a nuestra propia manera, virtud que muchas personas aun no comprenden por la gracia de la imagen estereotipada, mucho menos el entendimiento de este.

Belleza y juventud puede para el mas cuantitativo resultar interesante tanto en la influencia como en la correlación para pronosticar una cierta dependencia en nosotros aun mas para “experimentar” el supuesto éxito de las relaciones humanas tanto físicas como metafísicas en la atracción. Sin embargo, este libro no tiene la corriente cientista suficiente para saber aun más de belleza, sino más bien de comprender el porqué hoy en día resulta explicar lo poco simples que somos en ese ámbito, sobre todo cuando a la belleza se le condiciona con el compromiso y los múltiples de roles que adquirimos en sociedad cuando con pocas aristas y variantes de nuestros nobles instintos llevan a, quizá, no tener la belleza de ensueño, más bien una belleza no discriminada y más de piel, dando una paz consigo mismo en esta lucha incesante de vanidad y comparaciones odiosas.

Esta desgraciada suerte de no ser agraciado y llamativo en la atracción me ha incentivado no solo en la constante diferente de pensar en esto, sino en mi forma de querer y amar el interés de buscar e influenciar a más personas que no hay una sola belleza que sea universal, ni que existe más belleza ya sea en el color de piel, el pelo, los ojos, la silueta o la propia personalidad. Lo que pasa es que cada día nos llenamos de modas superfluas, de influencias que abarcan que deberíamos ser, pero no como debe ser uno mismo para influenciar o atraer; y una saga de frivolidades adicionales a nuestra persona como tentación para adornarnos todo este sentido superficial y carente de simbolismos significativos de amor que nos aleja más a los orígenes de la belleza nata que cada uno posee; algo así como el Ki oculto no emanado, la gran teoría etílica de la “Fuerza Universal Aplicada” (FUA), o el mismo Shrek cuando se definía en la analogía de la cebolla.

Esta escasa belleza de mi cara como de mi cuerpo me ha brindado tal regalo de divagar que al final nuestra belleza y nuestro ser se reduce y simplifica con un color particular e intrínseco que se nos define como tal somos. Puede que mas de alguno(a) pueda asociar al color favorito que uno posee pero en realidad es más que definir un color favorito, es mostrar nuestra esencia así tal cual con nuestras mañas, estados y personalidades.

Mi color por ejemplo era pensado y escogido para pintar a todos en un principio, y más encima con el afán de que sea corrosivo y permanente para todo el conglomerado. Esa actitud totalmente correspondía a la coraza para evitar el rechazo y a su vez mostrar la arrogancia de mi importancia y utilidad de ser imprescindible para todos. No sé con certeza si tenía el mismo color que Narciso pero evidentemente era una clara señal egoísta que solamente me importaba yo mismo de principio a fin.

Bueno, esto del tiempo con su naturalidad de aprender a comprender y madurar me ha mostrado que este sentido petulante es muy frecuente cuando las personas quieren solo impresionar y no dar la oportunidad y la chance de “Mezclar” con otras bellezas, otras personalidades y experiencias (pasa mucho en los programas de realitys). Siempre actuamos en la idea de imponer pero no de conocer dejando en evidencia que no nos importa siquiera saber y mutar de color en el sentido de nuestra belleza humana cuando uno socializa y conoce.

Por lo tanto, nuestra belleza aparte de un rol impositivo es también esencia de un lado conquistador frente a las situaciones sociales presentes, lo que logra competencia, envidia y una ceguera incrédula y tonta que no nota que una belleza, ya sea física o de alma (independiente si creen o no en eso), puede mutar para ser aun más significativa en nutrir múltiples colores con el de uno, en vez competir encarecidamente para llegar al podio de la superficialidad y la lujuria.

Al término de esta introducción puedo reflejar resumidamente valores como el amor en un principio, la juventud, la asertividad de la belleza en sí, la ceguera impuesta y los errores provenientes como epicentro producto del acto rengo de nuestra mente humana sobre este ámbito que solo se siente. También podemos estar de acuerdo que se puede refutar y criticar frente a estas ideas subjetivas e imprecisas (en parte) que he manifestado en estas páginas iníciales sobre este tema dinámico e importante para nosotros; pero creo que si hay algo más urgente con tal de conocer y saber frente de este medio de todo lo que hemos compartido es de descifrar y orientar de mejor forma de este valor llamado querer sobre esta lucha letal que puede llegar con tanto destiño y agonía entre tanta maldad que nos condena cuando actuamos sin belleza en nuestro corazón y las consecuencias por doquier que ha dejado la insensibilidad y la crueldad injustificada de nuestra raza durante la historia, desde toda arista desde un sentido político, ideológico, culturales hasta sociales.

Puede resultar hasta muy “cliché” el mensaje inicial, o tal vez dentro del llamado a sentir, percibir la cognición intencional de transmitir “razonando” estas ideas; puede que a lo mejor inclusive refutarse todo lo anterior dado que la belleza y el amor son de consistencia tan subjetiva en la forma de “describir e interpretar” en la vida y en experiencia de cada uno de nosotros (como lo hago aquí). Sin embargo, mi motivación frente a esto (con sangre en el ojo por la vanidad en escribirlo) radica en que tan influyente puede ser el mensaje de “capacitar” la belleza inherente y nata que poseemos, que tan aptos y nobles somos a la hora de mostrar nuestro color al mundo y dejarse mezclar y conocer con otros tipos de micro-mundos coloridos tal cual con su propia historia, risas y desventuras igual que tu, que tanto nos valorizan con la imagen como en las intenciones fuera de un marco poco gentil y arrogante todo por ¿Qué tener, que ser, de donde ser?, etc. En el fondo que tan lindos nos podemos hacer notar con el mínimo esfuerzo y dedicación.

Esto sin duda es un desafío tremendo porque todos estos tópicos recaen en las múltiples subjetividades de cómo nosotros los interpretamos, mas esa cuota de experiencia que te da la base para “descifrar” a tu ciencia y a tu verdad estas cosas. Pero debo atreverme a decirlo sin asco porque no es natural y normal que hoy en día existan tantas condiciones en las personas para aceptarse y reconocerse tal cual es sin tener en cuenta de que él tiene los ojos verdes, o ella tiene una cara bonita con unas tremendas tetas. Nosotros mismos nos auto imponemos condiciones (bajo todo aspecto) dentro de la belleza como si fueran clausulas de contrato para estar con alguien y vivimos cada día mas frustrados ya que no tenemos “el proletario perfecto para ese cargo que soy yo” bajo la mirada y el deseo ideal del príncipe azul con auto, plata con abdominales y la media corneta o muy bien “la mujer perfecta” que canta irónica y graciosamente Felo.

Digo fervientemente y soy muy partidario que aquí lamentablemente estos ideales, damiselas o barbaros convertidos en príncipes NO EXISTEN NI EXISTIRÁN JAMÁS, y no por una cosa que yo no lo sea, ni porque somos imperfectos como seres humanos (aunque es un estado adicional a esto); sino porque esa descabellada y evidente forma de preocuparnos de la imagen de forma frívola + la importancia de nuestra vanidad hacia el resto comprando lo más sofisticado o en oferta (dependiendo del estado y el estrato socio-económico) nos vuelve más susceptibles al error de que pasta estamos hechos, del color original y exclusivo en el cual brillamos en el mundo. Aquí se origina una mutación errada y falsa de nosotros cuando literalmente nos disfrazamos con esas tentaciones movilizados por nuestros intereses fetiches materiales hacia nuestro lado humano de ser, exiliándonos de mezclar, de conocer, DE SABER LA HERMOSURA NUESTRA Y PROPIA DE SER (única , grande y nuestra iba a poner el muy gil, jajaja) pero nos cegamos todos los días, hacemos caso a los catálogos, las revistas y la televisión, no hay una costumbre sana y de verdad para buscar amigos, pareja o de empoderarse de las cosas preciosas que nadie esta ajeno ni exento de eso para compartir y ser mas idéntico con la forma de ser y querer además de estar muy sometidos de la cultura dominante y occidental en la forma y esencia de la belleza como se presenta en vez de buscar hasta nuestra propia cultura de este sentido de “dar”.

Veo esta lucha más que incesante, así tal cual como mi frustración en la materia (hablando por muchos quizás) amorosa que describí al principio del prologo esto de criticar y concientizar como tomar la belleza de hoy en día. Aquí hay un deseo y un ideal tan egoísta como los que existen ahora en relacionarse, pero de una forma cálida y noble posible de simplificarnos (siempre con el afán no inconsecuente) de querer y ver la belleza mas allá de los modelos, las tipificaciones o de los estilos que ya persisten actualmente; porque a medida que te quieren y te adoran por ser así tal cual pueden reflejarse y notar más pura y linda de uno desde su color hasta las acciones uno deja como huella patentada hacia los demás, pero que lamentablemente resulta más difícil en la medida que uno(a) se encapsule, compare, consuma y se convierta en algo que no es, ni que le viene mas encima con eso de las materialidades que nos alienan mas y mas.

Veamos que pasa ahora con este paradigma a medida de que siga divagando y tú hilvanando. Logremos un acuerdo o la unión definitiva frente a estos pensamientos sobre esto. Aquí lo único importante es trasmitir mi color y tu color y así mezclar en el acto, ese color intenso cuando se dan las emociones, como todo el glosario existente que es la gente tal cual con su belleza, su color en su más pura esencia".


No hay comentarios.: